jueves, 2 de mayo de 2019

La historia detrás de cada producto: los anacardos

Detrás de cada producto siempre hay una historia en la que intervienen seres humanos y en la que hay sentimientos. Nunca nos ponemos a pensar cuando consumimos algo que tras una cosa inmaterial hay vida.
Un ejemplo pueden ser los anacardos. Un producto que hasta ahora era poco conocido en España, país en el que se consumían y se consumen pipas, almendras, avellanas y otros frutos secos de cosecha autóctona, pero cuyo consumo ha aumentado muchísimo en los últimos años.
La cáscara de los anacardos segrega un ácido graso sumamente caústico llamado cardol y que destroza las manos de las trabajadoras encargadas de pelarlos las cuales trabajan en jornadas maratonianas por un sueldo de miseria y no tienen derecho a atención médica ni contrato ni seguridad social. El único momento de descanso que tienen es por la noche, descanso poco o nada reparador ya que sufren intensos dolores en sus manos. La mayoría de los anacardos proceden de países como Vietnam o la India y de empresas productoras que no tienen en cuenta las condiciones inhumanas de sus trabajadores.
Por todo ello si no quieres arriesgarte consume anacardos de Comercio Justo, las condiciones laborales son mucho más dignas, no sólo por el sueldo o por la atención médica, hay contrato y un pago justo por su trabajo. A los trabajadores encargados de pelarlos se les permite usar guantes cosa que en el Comercio Tradicional está vetado porque se baja el ritmo de producción. El auge del veganismo ha aumentado mucho la demanda de este producto y las empresas del comercio tradicional quieren maximizar el beneficio.
Por apenas 1 euro más consumirás anacardos de gran calidad y con el regusto que deja el saber que nadie ha sufrido ni ha sido explotado.